Chicho nos llegó de Casarabonela, un pueblo de Málaga, siendo aún un cachorro de apenas un año. Sus miedos y desconfianza iniciales nos hicieron pensar que había tenido un pasado difícil. Sin embargo, con el tiempo y la paciencia de los voluntarios, Chicho comenzó a mostrarse más confiado con las personas a las que conoce.
En el refugio, encontró una amiga inseparable, una mastina con la que compartió juegos y compañía, hasta que ella fue adoptada.
Ahora Chicho vive en un hogar de acogida maravilloso, donde ha aprendido a convivir con perros de todas las razas y tamaños, demostrando una buena adaptabilidad. Lo están enseñando a pasear con correa pero hay que seguir trabajando eso.
Aunque todavía es reservado con desconocidos, su evolución es muy positiva. Ya no es ese perro asustadizo que llegó.
Solo necesita una familia definitiva que le ofrezca seguridad, paciencia y cariño. El sería muy feliz en una familia que tenga otro perro.
¿Te gustaría ser su final feliz?
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